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| Delicuencia en la ciudad de El A |
Causa preocupación el incremento de la delincuencia común y organizada, la violencia, el crimen, el narcotráfico y otras actividades ilícitas en Bolivia, lo que desemboca en inseguridad ciudadana. Sin afirmar que “antes todo era mejor”, hace 50 años vivíamos otra realidad, las ciudades eran más limpias y ordenadas, la delincuencia no era tan alevosa; es más, no había ladrones, éramos hospitalarios, más amables y sonrientes, había respeto y consideración por el prójimo. Indudablemente, hoy vivimos una realidad distinta debido a la inversión de los valores éticos, morales y sociales; al aumento de la pobreza, las desigualdades y la discriminación; a la desintegración de la familia; al sistema educativo deficiente y desarticulado desde el hogar, la escuela y demás instituciones; a la falta de conocimiento de las diferencias y a la pobreza espiritual de muchas personas. Es decir, son muchos los factores que coadyuvan en el aumento de la delincuencia, practicada por seres humanos inconscientes que buscan su bienestar a costa del daño y el sufrimiento de otros. Desde tiempos remotos hubo preocupación por la conducta de los jóvenes, que son el futuro de los pueblos. Ronald Gibson, hablando sobre el conflicto generacional, mencionaba datos sobre este tema encontrados en un vaso de arcilla con grabados cuneiformes hace 4.000 a.C. Un sacerdote (2.000 años a.C.), Hesiodo (720 años a.C.) y Sócrates (469-399 a.C.) también criticaban a la juventud de esas épocas por su mala educación y conducta. En la época de las dictaduras militares en Sudamérica expresé ante amigos mi preocupación por el atropello a los derechos humanos. Para mi sorpresa, uno de ellos me contestó diciendo: “No se preocupe amigo, el mundo siempre fue así”. Hay diferentes realidades según la época. Por ejemplo, hoy vemos que los padres de familia son muy permisibles en la educación de sus hijos y hacen que confundan la libertad con libertinaje. Respetando la propia identidad de los hijos, los padres debemos indicar el camino socialmente aceptado sin transgredir el derecho de los demás. Necesitamos familias consistentes y equilibradas. Hay también debilidad institucional, las leyes son muy blandas y no se cumplen las normas; la administración de justicia está distorsionada y se nota corrupción funcionaria; nuestras fronteras están desprotegidas; la Policía es ineficiente así como el control de inmigrantes en el territorio; no hay centros de rehabilitación social. Diversos grupos sociales piden la pena de muerte para los criminales, pero no veo que sea la solución. La cadena perpetua o tal vez la castración química para los violadores y asesinos puede ser una alternativa. La delincuencia, según mi concepto, no es generacional, es cuestión de conducta humana en diferentes épocas y realidades. La actual generación es la más preparada de la historia, pero a su vez es la más inconsciente. El poder del cambio está en nosotros. ¿Cómo hacerlo? Practicando las buenas costumbres, abriendo nuestro corazón y mente para descubrir las virtudes, que son valores en acción, y la predisposición constante del alma para acercarnos al bien y alejarnos del mal, a través de la búsqueda constante del conocimiento de la verdad para liberarnos de los vicios, de la ignorancia y del fanatismo. Solo así seremos capaces de enseñar con el ejemplo, de convencer por la persuasión y luchar por el progreso y bienestar de la humanidad.
Periodista Juan Renjifo Llanos
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